Viajando con Ojos de Cultura: La palabra que se vuelve arte

Las palabras habladas nos traicionan. La única forma tolerable de comunicación es la escrita, ya que no es una piedra en el puente entre almas, sino un rayo de luz entre estrellas
— Fernando Pessoa

Por Paola Calderoni: @CalderoniBlog

La Ciudad de México nunca duerme, y sus habitantes estamos constantemente al pendiente de todo lo que sucede en ella. Es una fuente inagotable de actividades, enseñanzas y diversión. Con el tiempo, uno empieza a encariñarse con ciertos espacios, los cuales se convierten en consentidos.

En mi lista se  encuentra (entre varios más, de géneros completamente diferentes) el Museo Franz Mayer.

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El espacio es amplio, fresco, ágil, acogedor y sorpresivamente silencioso a pesar de estar ubicado en pleno Centro Histórico. Es de los recintos que no dejan de sorprender por la calidad y variedad de sus exposiciones. Un verdadero “must” para los amantes de la estética en cualquiera de sus expresiones.

Este fin de semana, el Museo Franz Mayer le abrió sus puertas al extraordinario talento joven mexicano con los Artistas emergentes de “Sala Ethos” en su edición 2018. Una plataforma que apoya al arte mexicano y que es de tal calidad que un Museo de la categoría del Franz Mayer les ha abierto las puertas de par en par.

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El espacio ya de por si enamora; pero nada te prepara para las increíbles sorpresas con las que te topas. Desde las piezas de joyería de plata con causa de White Line, las estructuras hipnotizantes y casi arquitectónicas en papel de Yamil Semán (YSM Design), los relieves que pareciera tuvieran vida de Rodolfo Medina y las figuras llenas de color que evocan a todos los grandes Artistas de los Libros de texto de Jorge Alberto Aguilar Rojas (JAAR).

El formato de esta exposición tiene el encanto de poder platicar con los Artistas, (quienes se encuentran ahí; al pie del cañón, cansados de seguro, pero que te reciben con una gran sonrisa)

Soy de la idea que el Arte es sensorial…se percibe, se palpa. Una pieza te atrae o no, te intriga o no, te jala o no.

Unas impactan a primera vista por su color, tamaño o técnica, y otras te van atrayendo poco a poco.

Son como las cebollitas... las vas descubriendo capa por capa.

Este fue el caso que viví con la obra de Elisa Salas (“Elisa la Monalisa” en redes sociales).

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Su obra te llama la atención desde lo lejos, ya que logras identificar la tenue figura de una mujer con ojitos tristes, colorido como de payasito de Circo con toques de Catrina y destellos de muñeca de trapo que te resulta ligeramente familiar.

Pero es hasta que te acercas, que te das cuenta que no son trazos con los que está dibujada la figura del cuadro, sino letras…palabras…frases.

Y para ser más precisos; La letra de la Canción de “La Llorona”.

Si había ese sentimiento de “algo conocido/familiar” en la figura de aquella mujer desde lejos, a la hora que descubres que es la letra de una de tus canciones favoritas, ya estás en el séptimo cielo.

La obra de Elisa Salas hace que quieras saber más.

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Más sobre la técnica, más sobre el concepto, más sobre su inspiración.

El cerebro es un misterio, y me encanta encontrarme en situaciones en las que una imagen me evoca a otra figura que tengo registrada en mi memoria, aunque en principio no sepas si es que exista relación alguna. En esta ocasión la forma en la que utiliza las letras me transportó a la Mezquita de Hagia Sophía de Turquía, donde la caligrafía de las paredes es tan estética que parecieran diseños gráficos. También me vino a la mente esas películas Chinas donde el extraordinario espadachín héroe de la historia tiene que dominar el fino arte de la Caligrafía antes de poder iniciarse con la espada. Y me acordé de haber leído que los Samuráis en Japón, no reciben tal distinción sin antes convertirse en expertos poetas y dominar el pincel y la escritura.

Solo toma unos instantes para que todo haga clic, que todo haga sentido, y sientas que hay un hilo conductor entre lo que estás viendo ahorita, con lo que has visto en el pasado.

Son las piezas de un rompecabezas que Elisa une y crea algo actual, moderno, vanguardista.

Nos contó que toma como base de inspiración para su Arte con técnica de Caligrama (poema visual en el que las palabras “dibujan” un personaje u objeto), a las formas de expresión antiguas como la escritura Cuneiforme de Mesopotamia, los Jeroglíficos del Medio Oriente, los Códices Indígenas Mexicanos, la Caligrafía Hebrea y la China así como los textos islámicos zoomórficos que representan animales en forma y contenido.

Sus piezas no solo se quedan en el lienzo, sino el poder de la palabra trasciende de lo visual, a lo auditivo gracias a la tecnología. Con una aplicación que puedes bajar a tu celular, el teléfono escanea la obra y devela lo que se encuentra escondido a plena vista; la siguiente capa de la cebolla…la obra cobra vida en forma del audio con la voz de Neruda declamando, el corazón de un bebé latiendo, una canción maravillosa o un autor leyendo un pasaje de su obra.

Todo embona, todo encaja y todo tiene una perfecta lógica que se siente hasta orgánica, y es una delicia ser testigo de cuando la Palabra se vuelve Arte.


Más de la experiencia en el Museo Franz Mayer. 
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